
Y es cierto que me fui de viaje y volví con un corazón fortificado y dispuesto.
Me pareció que las notas de campo debían quedarse en mi cuadernito de notas de campo, que transcribirlas me daría una lata más o menos grande y que quizás haya letras que -lo más pobable- no fuera a entender.
Estuvimos en Tucumán y eso nos llevó veinticinco horas de viaje, desde que partimos del Terminal Santiago. Se suponía que salíamos a las 10:00 en punto, por lo que la línea en que viajamos Andesmar, nos citó media hora antes; para los trámites burocrocráticos de simepre, que el equipaje, que revisar la dcoumentación, etc. Cosas que a mi no me aproblemaban porque sé que ninguna tenía algún impedimento para vijar (del momento en que nos vendieron los pasajes en la línea el día anterior).
Durante la noche anterior quise dejar mi pieza lo más ordenada posible para que la Ramira y mis papás me recordaran de la misma manera en que yo lso recuerdo en mi vida, pero con el lío que precedió a mi viaje ( y no al viaje) tuve que sobrepasar el momento de la rabia para darme por entregada a una situación de la que me iba a deprender en unas cuántas horas más. Y resultó que recién a las seis de la mañana pude comenzar a hacer mi equipaje, para lo cual contñe los días que estaría por allá, los pantalones que más cómodos me hacen estar y los polerones más sobriecitos y los chalecos con la misma idea. Lo que significó dejar hartas cosas en el closeth. Y ya, no llevé muchas cosas pero si eché una mochila entera de camping para traerme las cosas a la vuelta. Cómo nunca me estaba anticipando a lo venidero, le digo al papo que me haga unos sanguches de queso/jamón y a las 07:30 me voy a la ducha. Me duché con la misdma calma de todos los días -y los mismos veinte minutos de todos los días- con el agua casi quemante, qué maravilla pensaba cuándo me vestía, eso como a las 08:00. No alcanzaba a tomar el desayuno para todo lo que tenía que hacer, porque en rigor me faltaba mucho por hacer, aún tenía que ir a despedirme de mis abuelitos y a buscar lo que ellos me dicen que me corresponde por el cariño con el que yo los trato y los he tratado siempre (pero cómo no pues!). En realidad no quería pasar por el baño del Andesmar y si no comer era la psoiblidad abierta para no terminar ahí, yo lo hacía.
Salimos de mi casa a buscar la caminoneta -en mi casa sólo podemos guardar el auto de mi mamá (por el pequeño espacio) entonces la camioneta duerme todas las noches en la casa de mi abuelito- y a despedirme de mi Tató maravilloso. Y cuando íbamos por la esquina el Papo me pregunta si llevé todo, puta la huevá!, me enojé, me cargó porque revisé la billetera y justo se me había quedado la plata que había cambiado el día anterior en el temrinal. Tuve que buscar la llave, volver a mi casa, abrir la puerta de afuera, en eso llega el Clarito que es mandado hacer pa andar maullando y para entrarse en uno de esos breves descuidos humanos, luego abrir la chapa de arriba y luego la de abajo para que el gato huevón me hiciera -una vez más- huevona y se entrara. Entro a la cocina y lo saco, voy a mi pieza y arriba de la tele estaban los famosos pesos argentinos. Hago lo mismo que hice para entrar, pero ésta vez para salir y me voy, llego donde el Tató, lo saludé y lo primero que hizo fue llamarme la atención por mi look rockero, que en realidad no tenía ná de rockero pero mientras él no me vea con tacos no podrá entender que igual soy algo decente y algo señorita (en el tema de la autopercepción, me siento bien decente y bien señorita, así que no sé). Me dijo que en vez de viajar me prodría comprar pantalones y que cuándo entro a clases y todo para el mal empleado yugo sicológico. Tenía tantas ganas de partir que nada me hubiera puesto de mal humor, además el papo a través de un breve comentario ya se había reivindicado conmigo por lo del comentario anterior. Y me dio lo que me correspondía, me despedí de mi Tía Pati y ahora íbamos donde la Mami (la mamá de mi mamá) y me estaba esperando, le lleve el tecito a la cama, nos abrazamos fuerte y me dio el boleto ganador. Nos despimos, ya eran las nueve y algo y a las 09:30 tenía que estar en el terminal. Cuento corto la Anita con la Normita no llegaban nunca, el Andesmar se quería ir y yo tambien (obvio juajua) pero el Papo gracias a su tono conciliador consiguió que nos esperaran unos minutos más. Pasaron los minutos, llegó la Anita y me despedí del Papo, volví a despedirme de la Nachito (que es mi mamá) a través de un contacto telefónico y nos fuimos. Me senté con la Anita, me llamó la Nacha y la Mile -que sí saben lo que es la amistad- y cuando llegué aquí, es decir, a la vuelta de todo el viaje me enteré que el Papo me llamó cuando íbamos en chacabuco y yo iba durmiendo, la mejor!.
Se suponía que a las 18:00 llegaríamos a Mendoza, podríamos tener tiempo para fumarnos varios cigarrillos, para el refrigerio y estirar las piernas. Eso en supuesto, pues en el segundo control de la Aduana Argentina -Cristo Redentor le llaman- y quedamos detenidos por alrededor de dos horas y media por que los funcionarios encontraron una bolsa de basura que en su interior contenía sustancias ilegales; marihuana, cocaína, lentes para contrabando, etc. fue uno de los momentos inolvidables, uno de los mejores de seguro. Por esa breve relación de susto que he tenido cuando me compro algo en una multitienda, que pese a que siempre pague por ello, tengo por asumido que alguna por error va a sonar y tendré que enseñarle al guardia mi boletac con el timbre grande de PAGADO. En ésta pericia no encontraron al o los culpables (laraja!) así que nos tuvieron unas horas para cansarnos y que alguien se culpabilizara. Pero como todos los pasajeros eran bacanes, nadie se aburrió, por lo mismo nadie se entregó.
Cuento corto: En vez de estar a las 18:00 en Mendoza, llegamos a las 20:30 y no pudimos hacer nada de lo que dije anteriormente, por consecuencia nos metimos de inmediato al Andesmar que iba con destino a Tucumán y ahí nos dieron una cena bien rica que consistía en un pescado apanado acompañado de un puré de papas CALIENTE, de ensalada una especie de brazo de reina de verduras; en vez de manjar llevaba mayonesa, en vez de nueces llevaba lechuga, un primor al paladar. Además el primer sanguche de miga de jamón/queso que vimos ( en todas partes; en los negocios, en los bares, en los cumpleaños , en los asados!) y la primera 7up. Quedamos las tres fantástico.
Luego vino el segundo momento bacán (el primero fue el descubrimento de las sustancias ilegales), cuando Gerardo -el auxiliar- va por cada uno de los puestos preguntándonos si queremos jugar al bingo y le pregunté cuánto costaba (cómo estoy acostumbrada a que las cosas cuesten algo y no porque le asigne un valor material y monetario a las cosas) y responde gratis, entonces dije que sí, que sí quería jugar (no porque me guste jugar al bingo, sino porque todo lo que sea GRATIS me gustará, da lo mismo si me sirva o entretenga, siempre será lo más conveniente) y mientras esperaba a que Gerardo repartiera los demás ticket para el bingo- que en realidad era una lotería- me aprovisoné de un lapiz y el primer número adentro y todos los que siguieron ninguno. Olvidé contar que mi vecino de viaje era un europeo (luego supe que era de Luxemburgo y algo nos reímos) que de español casi nada sabía, entocnes como mis ansias de ganar eran mayores, le decía " A ver? ah no no (le movía la cabeza y el índoce como signo de negación)" cuando la cosa era distinta. Fui mala persona y no me complica en lo más mínimo, nunca me he jactado de lo contrario. (Algo así pasó cuando iba a graduarme de octavo básico, para obtener algún diploma -porque jamás tuve primeros lugares- tuve que idear una manera de explotar el reducido talento que Dios me dio, entonces ofrecía negritas a cambio del voto a mejor compañera. De esa manera y sólo de esa manera en la graduación me fui con un diploma) La cosa es que alguien de por atrás grita BINGO y yo por la cresta y la Anita Me quedaba uno -dice- y a mi también -digo- y mientras nos lamentábamos, Gerardo dice que está mal y que marcó un número que él no dijo, en chileno eso se conoce como Al agua , Falsa Alarma todo eso. Entonces se abría una posiblidad, la Anita vuelve a decir que le faltaba un número, yo l reitero que a mí también y dice Gerardo el 69 y yo digo BINGO y en eso me veo ganando un vino viña Andesmar (Laraja!) y siendo aplaudida ajajajaja. Puta que fue bacán, me sentía de seguro como las minas sanmiguelinas que ganaron el año pasado las medallas en los juegos olímpicos. Me gané el vino y luego me puse a conversar con el vecino de asiento que era antropólogo de Luxemburgo que se dirigía hacia Salta, que estaba más al norte que Tucumán. Él se iba a realizar una etnografía y pese a la barrera del idioma, algo pudimos concluir.
Cuento corto: Conversamos hasta que nos bajaron la luz, y me puse los audífonos y me fui despierta viendo todos los lugares que alguna vez vi -en esa típica época que le da a los jóvenes por ir al cinearte y ver sólo películas de esa línea, de directos tipo Aristarain, bah- y me anduve sintiendo tan bien que los líos que tuve antes de irme se me olvidaron por completo. Me sirvió para tomar decisiones, para saber hacia donde camino y con quiénes tengo mayor afinidad para un tránsito seguro y limpiecito. Me quedé dormida con el pendraiv encendido y en la mañana aún quedaba pila, mi pendraiv es como yo, que no se me acaba la pila en la mañana, entonces me levanté, saludé a mis amigas de viaje y al antropólogo, luego vino el desayuno, luego más parajes de películas. Y cómo no teníamos cámara, comencé a buscar un lugar que fuera conocido de Chile para situarlos fotográficamente con Tucumán. Entonces supe que llegar a Tucumán, era como el camino al que llegamos con mis papás cuando vamos a comer empanadas al Rancho Doña María, que está ubicado en Chacabuco. La geografía es un como jugar al memorice.
Ahora sí cuento corto, vemos una estatua que decía SAN MIGUEL DE TUCUMÁN, era claro, llegábamos a la vacación. Nos despedimos con el antropólogo y para cuando se estacionó el bus yo tenía todo listo. Propina a mano y los bolsos en la mano y en los hombros. Primer reporte, busco una cabina telefónica y aviso que llegué, que viví para contar las supuestas 36 horas que en relaidad fueron 24.