Cuando la gente viene y se va de inmediato, mejor que no venga. Así he pensado siempre hasta el fin de semana pasado. Porque se me partió el corazón y con ello, tuve que dejar ir a una persona muy linda ante mí y los ojos de Dios.Tengo palabras inconclusas y los tonos cándidos para que me entendiera que hay gentes que sí y otras que no, pero no hubo caso.
Vino, comió, se duchó, dormimos juntas. Le peiné los cabellos, le sacudí la pena y la presenté al espejo. Es que no sé piensa que puedan suceder situaciones así.
El tema es la aguja y la erección, el dilema que enfrenta la enfermedad ante el ausentismo de una tula frecuente. Le argumenté de todas las formas posibles que si se trata de eso, uno levanta una piedra y no encuentra ni a Dios ni a la Iglesia, encuentra tulas por doquier; tulas limpias, tulas sucias, tulas flacas y otras gordas, que hay para todo gusto, si es cosa de escoger y la tienes adentro, pero no pasó nada.
Ya no cabe la invitación a la posibilidad, ya me parece que hasta es erróneo que yo diagnostique otras futuras coordenadas cuando el camino ya se bifurcó.
Me quiero ir a la nochesumdre, o sea, volver porque ya estuve.
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