
He estado haciendo de mis días las horas de sueño que tenía pendientes. Y es cierto, ahora lo único que hago es andar en pijama, y tomar té y mucha coca cola, comiendo súper desordenado porque ando como mal compaginada, viendo mucha tele ahora que tengo un control remoto. Y qué importante es el control remoto para la vida moderna - y posmoderna si quieren o segunda o tercera modernidad- y yo no lo notaba porque casi no veía la tele. Es que antes no le daba mucha importancia, incluso llegué a tenerla durante un tiempo desenchufada y no me di cuenta hasta que necesité saber la hora - y estando lejos mi celular- atiné a encenderla y no pasaba naipe. Ahí me vino toda la rabia porque el tiempo es una huevá con la que todavía - pese a los años de formación- no puedo gobernar; y siempre he llegado atrasada por el temita de la hora y la cultura del reloj. Yo creo que mañana llegaré atrasada igual al Terminal de Buses.
Decía que mis días de vacación han sido bien hogareños porque la paja me ha vencido y le estoy respondiendo a la altura. Leo detenidamente un libro cristiano de la
Joyce Meyer que se llama
Cómo oír a Dios, porque Dios efectivamente nos habla y es nuestro deber aprender a oírle. Entre el librito ese y la televisión ando. No he fumado ni tomado. (Ahora que lo pienso, es harto lastimero pasar unos días así, luego de haber tenido días de furia y de máxima diversión, sin embargo, dejémoslo en que el cuerpo no me da para tanto festejo y que necesito hacer lo que una mujer tiene que hacer para situaciones como las que se me vienen. Tampoco se me viene la gran situación, sólo que me voy a embarcar en un viaje de veinticuatro horas de duración, con trasbordo por tres horas en otra localidad y que quizás no viva para contarlo).
En relación a eso mi mamá está bien asustada y que el accidente en la cordillera, que el mal clima, yo en cambio me preocuparía de cosas más concretas cómo si llevo todo el dinero que debería, si me alcanzará con lo que tengo, si deberé comprarme aquí un abrigo extra, cosas así. Es que las mamás piensan en cosas que, si bien tienen importancia, se reducen a supuestos con lo que yo no voy a dialogar, porque yo quiero viajar y si mi Dios me quiere tanto como dice - como yo lo escucho sé que me ha dicho que me quiere- me cuidará en el viaje.
Además en Santiago puro la estoy vendiendo y le estoy dando como caja a un fotolog que está en su máxima decadencia, con achaques, viejo por los años de circo y con algunos moretones que le ha dejado uno que otro favorito, pero estoy haciendo lo que una mujer tiene que hacer (pucha que me gustó ésta frase que la quiero decir todo el tiempo) y sigo firme con el fotolog. Incluso me gustaría dedicarle dos meses para analizarlo, puesto que nunca he tenido la oportunidad de hablar en profundidad sobre lo que ha significado su masificación, leería más sobre el McLuhan, sobre el Chomsky, sobre el Jean Baudrillard para construir un marco teórico que responda y entregue elementos cognitivos para éste producto del recurso visual más allá de la interpretación mediada por la palabra; en función de las relaciones secuenciales y de sincretismo. De todas formas ese ya es otro cuento, porque lo primero es mi viaje, luego mis idearios y en último lugar "quizás" el ascetismo, porque si bien le tengo cariño, me cae bien, no pienso aburrirme ante la ausencia de la cosa nostra (living la vida loca y después ya veremos que se hace).
Muac. (Ay que tierna)