
A pesar de la rabia que te tengo, llego a tu espalda al menos dos veces al día. Convierto la estadía en esa inmanente genuflexión que la hago de pura graciosa.
Porque resultó cierto que mientras me hacía la ofendida y veía la hora, tú tomabas la micro para no llegar tarde a lo que venía luego -para ti-.
1 comentario:
mejorando las letras....bien
saludos
con cariño Felipe
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